Menos de 24 horas después de que Donald Trump afirmara que el bloqueo petrolero a Cuba ya no se aplicaría, la Casa Blanca insistió en que no hubo un cambio formal en la política. La vocera Karoline Leavitt subrayó que Washington se reserva el derecho de confiscar embarcaciones de México y otros países que envíen combustible a la isla.
El presidente sorprendió al declarar que “no nos importa” que lleguen cargamentos de crudo a Cuba, ya que “tienen que sobrevivir”, pero horas después su equipo matizó que las decisiones se tomarán “caso por caso”.
El buque ruso que arribó a Cuba este lunes representa la primera entrega de petróleo extranjero en tres meses, en medio de una crisis energética que ha golpeado duramente a la población.
La contradicción refleja pugnas internas en el gobierno estadounidense y el juego político de cara a las elecciones intermedias. Mientras Trump busca atender al sector anticastrista de Florida, los demócratas evitan críticas directas para no parecer “blandos” frente a adversarios como Cuba e Irán.
El secretario de Estado, Marco Rubio, defendió el bloqueo y pidió reformas profundas en la isla, mientras voces demócratas progresistas como Ilhan Omar y Peter Walsh denunciaron la política como “cruel e indefendible”.
La crítica apunta a que la política hacia Cuba se ha convertido en un terreno de contradicciones y cálculos electorales, donde la población cubana sigue siendo la más afectada por las sanciones y la incertidumbre.
