El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, rechazó oficialmente el plan de paz para Gaza. El proyecto de quince puntos fue presentado por el presidente estadounidense Donald Trump.
El mandatario israelí condicionó la salida de sus tropas al desarme total y comprobable de Hamás. Las fuerzas armadas serán mantenidas en la región hasta garantizar la neutralización de amenazas.
Por su parte, representantes de la organización palestina solicitaron el cumplimiento de lo acordado previamente. El grupo demandó la retirada total de las tropas, la reapertura de cruces y ayuda humanitaria.
Las declaraciones del líder israelí reflejan una postura firme ante la presión de la coalición gubernamental. Aliados de extrema derecha han calificado las propuestas internacionales como inaceptables e inviables.
Netanyahu confirmó que mantiene conversaciones con funcionarios estadounidenses para evaluar alternativas. El primer ministro enfatizó que defenderá los intereses de seguridad nacionales durante las negociaciones.
La iniciativa de paz anunciada meses atrás buscaba establecer una junta de supervisión internacional. El organismo contemplaba fiscalizar la reconstrucción de la zona y el cese de hostilidades.
En tanto, la situación humanitaria en la franja continúa deteriorándose rápidamente de forma dramática. Agencias internacionales alertan sobre el desplazamiento masivo de casi dos millones de habitantes.
Organismos multilaterales señalan severas dificultades en el acceso a agua, alimentos y medicinas básicas. La población enfrentará un escenario complejo si continúan bloqueados los apoyos internacionales.
Las diferencias sobre los tiempos del desarme y la retirada militar mantienen paralizados los avances diplomáticos. La comunidad internacional insistirá en buscar mecanismos para lograr la estabilidad regional.
El futuro del plan de paz permanecerá incierto ante la falta de consensos entre las partes en conflicto. La tensión en la zona continuará siendo monitoreada por observadores globales.
